sábado, 5 de marzo de 2011

El libro que golpeó a Descartes


La mayor felicidad es comprobar que aquellas personas que te escuchaban cada día en el aula han llegado a ser unos adultos que piensan y crean con tal autonomía y calidad.
Aquí tenéis el relato de un alumno que pasó por el Turaniana y que hoy es un buen escritor. Además entendió muy bien a Descartes.

Podéis leer en su blog otros interesantes textos


El libro que golpeó a Descartes
Esta mañana he oído una voz. Al principio, pensé que eran imaginaciones, una de tantas que pueblan un espíritu envenenado por cierta locura. Por ello, no le presté la menor atención y continué durmiendo. Pero, como ocurre cuando uno quiere conciliar el sueño, la voz que antes había hilado palabras lejanas y ajenas se dirigió a mí.

- Romain, ma foi, ¿acaso no me oyes?

¡Cómo no lo iba a oír con esos gritos que me profería junto al oído! Me hice el sordo, porque me dio un poco de miedo pensar que una voz tan extraña me hablaba a mí.

- Soy Descartes. ¡Soy la voz de yo pensante!

La voz de mi yo pensante, pensé. Y claro, pensar en mi yo pensante implica hablarle a mi yo pensante.

- Claro, Romain, soy esa voz. Si piensas, yo te oigo. Si reflexionas, te presto atención, porque, amigo, lo quieras o no, cogito ergo sum. Pienso porque existo, ¿no lo sabías? Si estoy pensando, es indubitable mi existencia.

- ¿Perdona? No sé a qué te refieres.

- ¡Cuánto piensas y qué poco provecho le sacas! Romain, una vez me propuse demostrar de un modo razonado la existencia de las cosas certeras, siguiendo un proceso que clasifique en cuatro reglas. Como no podía fiarme de nada, decidí dudar de todo. Imagínatelo un momento: oteas el horizonte y te parece que las montañas de atrás son casi iguales que las precedentes; comes algo dulce después de algo salado y el sabor es diferente; te introduces en el mar y ves a tus pies una hermosa piedra que, aunque parece cercana, no puedes asir sin sumergirte. Son tantos los engaños de los sentidos que cómo confiar en ellos.

¡Qué yo pensante más pesado acababa de despertar en mí! Abrí los ojos y lo que vi me pareció tétrico: una inmensa oscuridad. La realidad había quedado redudida a un manto oscuro.

- Mira, seas quien seas, mi consciencia o lo que quieras hacerme creer, me estás poniendo de muy mal humor. Quiero dormir y descansar.

- Dormir, dices, mon dieu. ¿Cómo sabes que ahora no estás dormido?

- Sé que no estoy dormido, porque me estás incordiando. Sé que no estoy dormido, porque soy dueño absoluto de mis movimientos (moví la mano derecha y me rasqué la nariz). Así que o me devuelves mi realidad o me vuelvo sordo para la eternidad.

Fue en ese momento cuando se apareció ante mí un hombre de pelo largo y aceitoso, de nariz aguileña y de mirada ausente. El señor hizo aparecer una caldera y se tapó el cuerpo con una manta marrón. Acto seguido, hizo aparecer una silla y un pupitre, sobre el cual descansaba una pluma con tinta y una montaña de papel color café.

- Aquí me tienes. Piensas en mí, luego existo; porque tú también existes. Has entrado en el proceso del método cartesiano; por ende, borras todo para comprobarlo desde el principio.

- Muy bien, como desees -comenté y no volví a hablar hasta que el bigotudo señor pronunció su discurso.

- Como te iba diciendo, los sentidos mienten y es imposible distinguir la vigilia del sueño. Esto nos lleva al siguiente paso: hay en nuestro entendimiento un malin génie, un ser astuto que se dedica a hacernos captar la realidad de un modo equívoco. Que yo piense implica necesariamente mi existencia, ¿No? Y en mi existencia tengo ideas adquiridas de nacimiento de las que sería imposible dudar, porque me hablan de cosas que en el mundo no he conocido: la idea de infinito. Si en el mundo las cosas son finitas, debe existir algo que no lo sea. ¿Quién? Sé que te lo preguntas. (Profiere una risotada sonora) Dios. Dios es esa entidad infinita. Y si él existe, el mundo ha de existir también. Él es infinitamente bueno y veraz, el mundo ha de existir, ya que él no me va a engañar. Él ha puesto esa idea en mí.

Ya cansado de tanta metafísica y planteamientos cartesianos, me froto los ojos, estiro los músculos, carraspeo y le digo a Descartes:

- Muy bien. Te he escuchado atentamente. El mundo existe porque camino sobre la tierra, tropiezo con piedras, me caigo mil veces, erro, otros muchos sufren lo mismo que yo, compartimos sentimientos, saberes, colores, sabores y tantas otras cosas, que por más que lo intentes explicar a través de tu duda, jamás podrás hacerlo. El mundo existe. Tu idea de infinito, que has llamado Dios, es una bobería. Si tu Dios es infinitamente bueno y veraz, por qué demonios (nunca mejor dicho) no lo vemos ni siquiera con tu fabulosa razón. Es más, si Dios es infinitamente bueno, no te permitiría dudar del mundo ni de nada, porque lo conoces gracias a los sentidos que él te ha dado; ni habría geniecillos astutos. Pero es más, si Él es un ser tan infinitamente bueno, también ha de ser infinitamente malo, porque, amigo, lo que es infinito lo es en todos los sentidos. Y otra cosa, lo es que infinitamente infinito, ha de ser, asimismo, infinitamente finito. Por consiguiente, au revoir, Dios, elijo tu esencia infinitamente finita y te elimino de la existencia.

Descartes se pone a temblar y la realidad surge por artes mágicas frente a mí. La silla, la mesa, los papeles color café y la caldera desaparecen. Descartes se cae de culo contra el suelo, se pone de pie, arreglándose la manta que cubre su cuerpo y me mira con enfado.

- Por cierto, tipo insensato que osas desconcertar mi tranquilidad onírica, ha llegado la hora de que te enseñe lo que la realidad puede hacerte.

Agarro el libro que está sobre mi mesita de noche, apunto al intelecto de Descartes y se lo lanzo con fuerza. El libro golpea la cabeza del francesito y lo tumba.

- Siento haberte golpeado pera ya es hora de que alguien lo haga.

Descartes se levanta algo trastornado y me mira. Enseguida, afirma con la cabeza y comenta:

- Tienes razón, ese libro que yo creía existente por artes de beneficiencia divina ha alterado mi res pensante. Si un golpe me hace pensar así, por obligación ha de existir el objeto que altera mi primera verdad indubitable -Descartes desesperado observa la maravilla de cuarto que tengo y, nervioso, agita la cabeza- ¿Cuál era mi primera verdad indubitable?

-Mejor que no la recuerdes. Tu planteamiento es sorprendente. Con haberlo hecho una vez, basta.

Me doy media vuelta y me pongo a dormir. Descartes, feliz de no tener que plantearse dudas cada dos segundos, desaparece de mi habitación y se dispone a conocer el mundo y sus encantos.

Cogito, ergo sum. Un planteamiento que cambió el pensamiento, pero que desgraciadamente no implica existir. Pensar es una acción, por lo que siguiendo el plantemiento toda acción implicaría existir. Pero bueno, nos conformaremos con creer en él.

Romain duerme tranquilamente hasta que el despertador suena. Con el discurso del método, que reposa sobre su mesita de noche, apaga el despertador y, malhumorado ,piensa "¿Por qué existo?"

lunes, 21 de febrero de 2011

Descartes en cómic


Vía blog encontraréis este simpático cómic.
Lo pondremos en nuestro tablón de aula.

Sugerido en Babel

Nuestros glogster

Ya tenemos algunos glogsters publicados.
A continuación el enlace para ir viéndolos.

Ánimo y a concluir el trabajo.

Humanismo

Investigación sobre la naturaleza

miércoles, 16 de febrero de 2011

Problemas morales en "El verdugo"


ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN DEL FRAGMENTO DE LA PELÍCULA “EL VERDUGO” QUE VEREMOS EN CLASE

1º ¿Por qué el verdugo está tan nervioso? ¿Crees que es libre de marcharse? ¿Hay algún obstáculo a su libertad?
2º Los cocineros de la cárcel y los guardias evitan tocar al verdugo ¿Qué crees que significa ese gesto?
3º ¿Crees que el suegro de el verdugo confía en que aceptará ese trabajo? ¿Por qué?
4º El verdugo tiene un dilema personal entre sus intereses económicos y sus principios morales ¿cómo se plantea esto en la película y cómo se resuelve?
5º ¿Por qué Carmen, la mujer del verdugo, actúa en el barco como si no hubiese ocurrido que su marido acaba de matar a un hombre?
6º ¿Qué crees que significa la escena final de la película con las imágenes del barco y los turistas divirtiéndose?
7º Cuando se estrenó la película en España la pena de muerte era legal ¿Cuál piensas que fue la intención del director y el guionista al hacer esta película?
8º Imagina cómo es la vida de una persona que trabaja como verdugo en un país donde haya pena de muerte: su horario, su familia, sus amistades, sus opiniones… ¿Crees que tendrá problemas de convivencia, personales, de conciencia…? ¿Por qué?
9º Lee las siguientes opiniones y haz una valoración final sobre la película: si crees que es interesante, si te ha gustado, por qué piensas que es tan importante en la historia del cine español, si la conocías, si la volverías a ver, etc.

Opiniones sobre el director García Berlanga:

En “El Verdugo” Berlanga se vestía de indiferencia y pereza para meterle a la censura cuchillos que llegaban al corazón de la dictadura.
Francisco Umbral, escritor

“Plácido” y “El Verdugo” siguen pareciéndome las dos mejores películas que se han hecho en este país (...), el punto de partida del cine español.
Fernando Trueba, director de cine

Berlanga no es comunista, es mucho peor: es un mal español.
Francisco Franco, generalísimo

Yo no ataco a nadie porque acabo enterneciéndome de la gente a la que quiero derribar.
En nuestra sociedad actual (1957) el cine ha de ser un revulsivo. Hay que inquietar y espolear a la gente.

Luis García Berlanga, director de “El verdugo”

lunes, 14 de febrero de 2011

Dilemas morales


Información sobre el origen y desarrollo de la conciencia moral según Kolberg, que utilizaremos en clase:


Estadios evolutivos del desarrollo moral


Dilema de Heinz

Sinestesia y Descartes

Decía Descartes:
"En efecto, las ideas de Dios y el alma nunca han impresionado los sentidos y me parece que los que desean emplear su imaginación para comprenderlas, hacen lo mismo que si quisieran servirse de sus ojos para oír los sonidos o sentir los olores."


Pero ¿qué hay de la sinestesia? Aquí tienes una pequeña muestra



"La sinestesia es una facultad que poseen algunas personas consistente en experimentar sensaciones de una modalidad sensorial a partir de la estimulación de otra distinta. También son frecuentes las asociaciones sensoriales dentro de la misma modalidad, como asociar colores (o incluso formas policromadas) a letras, números y palabras. Un sinestésico puede oír los colores, ver los sonidos o saborear la textura de un objeto. Las posibilidades son infinitas, tantas como sinestésicos hay y no se suelen repetir las sensaciones percibidas de unos a otros. Eso sí, suelen coincidir todos en que la sinestesia es maravillosa y la idea de perderla les parecería como perder uno de sus sentidos. Es un sentido extra que se suma a lo que ven, oyen, tocan o recuerdan, y por eso, para ellos, el resto de la gente es como si viera el mundo en blanco y negro. La sinestesia pone de manifiesto que la realidad no es igual para todos, que algunos de los que nos rodean pueden tener una experiencia distinta del mundo. Suele darse en mayor número en mujeres y se asocia normalmente con una memoria extraordinaria. Además, esta experiencia, curiosamente, se ve acentuada en periodos depresivos..."
Vía blog

Imagen del dualismo cartesiano

domingo, 6 de febrero de 2011

Practica la Lógica


Para preparar el examen de lógica te pueden ayudar los siguientes sitios, (sólo fíjate en aquellos que hemos trabajado en clase):

Aprende Lógica

El mundo de la Lógica

Falacias

Uso de razón

Más Falacias Lógicas
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